Apuntes histricos sobre la docencia de la Histologa en Cuba

Santa Clara, ene.-abr.

 

SECCIÓN DE HISTORIA

 

 

Apuntes históricos sobre la docencia de la Histología en Cuba. Siglos XVIII y XIX

 

Historical notes about the teaching of Histology in Cuba. XVIII and XIX centuries

 

 

José E. Caballero González

Especialista de II Grado en Histología. Profesor Titular. Máster en Educación Médica Superior. Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos. Cuba.


Palabras clave: Historia, docencia médica, histología, enseñanza superior.
Key words: History, medical teaching, histology, higher education.

 

INTRODUCCION

La enseñanza de las ciencias básicas médicas en la Facultad de Medicina de Cienfuegos comenzó en septiembre de 1982, y por la importancia que reviste indagar en las raíces históricas de los hechos, el autor decide aludir al desarrollo de la enseñanza de la Histología, como disciplina que forma parte del grupo antes mencionado.

Recordando una frase del Dr. Pedro García Valdés, profesor de Historia en la Escuela  Normal de Pinar del Río, en la cual afirmó: " Prescindir del pasado es atentatorio a la dignidad, y, olvidarlo es renunciar a la historia, que debe ser el mejor tributo a la consideración de las gentes".1 Ello motiva a su autor para estudiar los aspectos distintivos de la enseñanza de la Histología en Cienfuegos, y en centros nombrados rectores para su enseñanza en Cuba, como la Universidad de La Habana, la Universidad de Oriente y la Universidad Central de Las Villas.

Por su relación, no sólo geográfica, sino también cientí­fica, en la formación de recursos humanos y suministro de materiales docentes, fue necesario indagar aún más sobre los comienzos de la docencia en la Universidad Central de Las Villas, que es, sin dudas, el antecedente más directo que tiene la docencia médica cienfueguera en general, y la enseñanza de la Histología, en lo particular. Es por ello que los apuntes sobre estos dos sitios tienen una mayor amplitud referencial en el cuerpo de la monografía que el resto de los centros señalados.

Es imprescindible aclarar, además, que los límites cronológicos observados en el trabajo, no constituyen cortes tajantes de los hechos, porque en la docencia de la Histología, como en otros acontecimientos históricos, existe continuidad en el tiempo y muchas veces no es posible separarlos o dividirlos en etapas con límites precisos.
Este trabajo constituye una reseña histórica sobre la enseñanza de la Histología que puede servir a estudiantes y profesionales de la salud, para elevar sus conocimientos referentes a la historia de la Medicina en general, y de esta rama en lo particular.

El artículo tiene la finalidad de describir los aspectos distintivos de la historia de la Histología en Cuba.

Antecedentes históricos de la Histología

La Histología, al igual que otras ciencias morfológicas (Antropología, Anatomía, Embriología y Citología), pertenece a la categoría de las ciencias fundamentales que estudian las regularidades sobre la estructura de la materia viva en los diferentes niveles organizativos. Etimológicamente la palabra Histología, (proviene del griego histos que significa tejidos y logos asociado con el estudio o ciencia de), por lo que equivale a decir que es la ciencia de los tejidos.2-6

A finales del siglo XVI, en Holanda, los hermanos Han y Sacarias Jansen construyeron el primer microscopio compuesto. Galileo Galilei (1564-1642), célebre por sus estudios en Astronomía, fue uno de los primeros investigadores que utilizó el microsco­pio para fines científicos.7,8

Los microscopios, perfeccionados, se utilizaban cada vez más por los científicos de diversas épocas. En 1665 el físico inglés Robert Hooke perfeccionó este instrumento y permitió observar la estructura fina de los tejidos. A Hooke se le atribuye el primer trabajo publicado sobre microscopía con el título de "Micrografía de algunas descripciones fisiológicas de cuerpos diminutos realizado por lentes de ampliación", editado en Londres por la Sociedad Royal.9

Los primeros microscopistas de la segunda mitad del siglo XVII, además del mencionado físico Robert Hooke, fueron el anatomista Marcello Malpighi, el botánico Nehemiah Grew, el óptico aficionado Anthony Van Leeuwenhoek y varios más que, con la ayuda del instrumento, describieron la estructura de la Piel, el Bazo, la Sangre, los músculos, el líquido espermático y otros.7,8

A Marcello Malpighi se le considera el fundador de la Anatomía microscópica y uno de los más importantes biólogos de todos los tiempos. Nacido en Crevalcore, provincia de Bologna, Italia (1628), cursó sus estudios en la Universidad de Bologna donde consiguió el doctorado en Medicina y Filosofía (1653).7,8

El concepto de tejido fue  introducido en el lenguaje de la Biología por Marie Francois Xavier Bichat, un destacado anatomista y fisiólogo francés (1771-1802). A Bichat le llamaron tanto la atención las distintas texturas de las capas y estructuras del organismo observadas en las disecciones macroscópicas, que escribió una obra sobre los tejidos del organismo en la cual nombró más de veinte.7,8

Sin embargo, no utilizó el microscopio para clasificar estos tejidos pues consideró que su empleo podía conducir a crear nociones equivocadas, y por aquel entonces los microscopios eran instrumentos muy imperfectos. Además, no definió la palabra Histología aunque, según la definición etimológica del término, puede considerársele el primer histólogo.7,8

Diecisiete años después de la muerte de Bichat, la palabra Histología fue establecida por un microscopista, y desde entonces se ha considerado una materia de estudio que se vale del microscopio.7,8

El carácter casual de muchos descubrimientos en el campo de la ciencia, la imperfección de los microscopios y la concepción metafísica del mundo no permitieron durante un siglo dar pasos esenciales con respecto al conocimiento de las regularidades de la estructura microscópica de los animales y las plantas.
A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con la ayuda de los trabajos de muchos científicos y maestros, fueron creados los microscopios acromáticos con los cuales se lograron observaciones microscópicas más auténticas y fue posible pasar al estudio sistemático de los tejidos animales y vegetales más diversos.7,8

En cuanto a los métodos utilizados para la obtención de cortes, al principio se emplearon simples navajas, pero las secciones conseguidas eran muy gruesas e irregulares. Gabriel Gustav Valentín había ideado, en 1838, cuchillos con hojas paralelas ajustables, pero sus limitaciones fueron también evidentes.7,8

Tras una compleja evolución en la que participaron numerosos autores, el primer micrótomo con precisión mecánica fue inventado por Wilhelm His en 1866 y con posterioridad sirvió de modelo el diseñado por Richard Thoma en1881.7,8

Los colorantes habían sido empleados de manera ocasional desde la época de Leeuwenhoek y durante la primera mitad del siglo XIX por autores como Ehrenberg y Cohn. Pero el verdadero fundador de las técnicas de coloración histológicas fue Joseph Von Gerlach (1820-1896).7,8

El origen de la moderna Histología se encuentra en la prime­ra mitad del siglo XIX, principalmente en la "Allgemeine Anatomie" (Anatomía General) de Henle (1841), que integró la teoría celular con la noción de tejido procedente de Bichat. Su conformación más completa se produjo a lo largo de la segunda mitad de la centuria.7-9

Desde el punto de vista científico este dependió de los progresos alcanzados por la investigación citológica, sin embargo, esta última no había alcanzado entonces la categoría de disciplina independiente. La misma fue cultivada dentro de la Zoología, la Botánica o la Anatomía Humana normal y patológica, esferas científicas a las que pertene­cieron la inmensa mayoría de sus autores. Solamente en los años de transición al presente siglo se inició la independencia de la Citología, cuyo punto de partida suele simbolizarse con la aparición de la obra de Oscar Hertwig, Zelle und Gewebe (Célula y Tejido) (1893).7-9

La autonomía que por el contrario consiguió el saber histológico fue posible, en primer término, gracias a que buena parte de los institutos anatómicos de las facultades de Medicina alemanas centraron en esta materia sus trabajos de investigación. De ellos provino el impulso fundamental y más temprano al que luego se sumaron las contribuciones de los demás países y de otro tipo de instituciones. Este impulso  tiene en las figuras de Rudolph Albert von Kolliker (1817-1905) y Maximilian Schultze (1825-1874) dos grandes científicos, ambos, directores de institutos anatómicos en escuelas médicas alemanas. El primero fue profesor de Wurzburgo y autor del Handbuch der Gewebelebre des Menschen (Manual de los Tejidos Humanos)  (1852), primer tratado histológico moderno. El segundo, profesor en Bonn y fundador del Archiv fur mikroskopische Anatomie (Archivo para Anatomía Microscópica) (1865), primera revista importante consagrada a la disciplina.7-9

La enseñanza  universitaria en Cuba. Siglos XVIII Y XIX.

La Universidad de La Habana se autoriza el 12 de septiembre de 1721, a través de una Carta Apostólica del Papa Inocencio XIII, licencia por la que se le concede al Convento de la Orden de Predicadores de San Juan de Letrán poderes para otorgar títulos por los estudios cursados en el mismo; este recibió entonces  las mismas prerrogativas que disfrutaba el Convento de Santo Domingo, en la ciudad del mismo nombre, en La Hispaniola (hoy República Dominicana).11-13

Los Dominicos que habían fundado la primera Universidad de América en 1538, la Real y Pontífica de Santo Tomás de Aquino en su Convento de Santo Domingo, y que habían logrado igual objetivo en conventos de su misma orden para estable­cer las de Lima en 1551, México en 1557, Quito en 1586 y Bogotá en 1592, maduraron la idea de crear también un centro de enseñanza superior en La Habana.

El original del Breve de S.S. logró el pase por el Consejo Real de las Indias el 27 de Abril de 1722 y el 5 de Enero de 1728 la Universidad fue fundada en el viejo Convento San Juan de Letrán, en La Habana. El rey Felipe V confirmó su fundación por la Real Cédula el 23 de Septiembre de 1728; y el 26 de Julio de 1734 aprobó sus Estatutos y Reglamento.

Así, por gestiones de la Orden de Predicadores y dirigida por ella, se inició en Cuba la enseñanza superior, lo que constituyó indiscutiblemente un gran paso de avance en nuestro desarrollo cultural.

La Universidad cubana nació en una era de general decadencia intelectual en la cual el resto de las universidades de otras partes del mundo se hallaban en su más bajo nivel científico. Los una vez grandes centros de instrucción europeos: París y Bologna, Oxford y Salamanca, habían venido a menos con la desaparición de la dorada edad de la supremacía feudal, del cuantioso patrocinio de los reyes, de la renovación cultural del Renacimiento, extinguidos por la decadencia económica derivada de las crecientes contradicciones entre el modo de producción feudal y la organización de la sociedad. Como reflejo de este proceso, la Iglesia Católica Romana, bastión moral del señorío feudal, se estremecía bajo las acometidas del movimiento reformista protestante. Los consiguientes esfuerzos desesperados de la clase dominante para salvarse, aferrándose a las estrechas y caducas doctrinas autoritarias establecidas, redundaron en un estancamiento intelectual que caracterizó las últimas décadas del siglo XVII y la mayor parte del XVIII, y se concentró particularmente en los centros tradicionales del más alto aprendizaje: las universidades.1,13,14

Como reflejo de la pérdida general de su condición de potencia europea de alto rango, España representó un ejemplo elocuente de esta situación con el profundo descenso intelectual que sufrieron las antes gloriosas universidades de Salamanca y Alcalá, superior al que cayeron en los siglos XVII y XVIII las universidades de Inglaterra y Alemania, cuya revitalización se alcanzó a plenitud en los primeros años del siglo XIX. La Universidad colonial española de La Habana comenzó a funcionar con un nivel académico abismalmente bajo. Sus profesores se habían educado en la atmósfera intelectualmente asfixiante de una universidad española o en algunas de las colonias hispanas, quizás en México, Lima o Santo Domin­go. Además, a diferencia de algunas de sus hermanas europeas que habían conocido días mucho mejores y estaban, al menos, alojadas en edificios apropiados y habían disfrutado de espléndidas donaciones, la Universidad de La Habana no disponía de tal legado. Fue instalada en tres primitivas "aulas", gracias a la generosidad del citado convento  dominico, y, lo que es más, iba a ser poco atendida por un gobierno colonial, que optó por dejarla al cuidado financiero, moral e intelectual de los frailes dominicos.1,15

Constituida con 21 cátedras quedaba dividida en cinco escuelas: Artes, Filosofía, Derecho  Canónico, Derecho Civil y Medicina. Esta última, con una existencia que sobrepasa los dos siglos, exhibía como mérito histórico el haber sido la primera de las facultades que inicia la enseñanza en 1726, tal como se recoge en el asiento de fecha 12 de enero del mismo año en el Libro de Estudios Conventuales. Este consigna la licencia dispuesta por el Prior del mencionado Convento para abrir cursos sobre Medicina al doctor Fran­cisco González del Alamo, que tuvo como primeros alumnos a tres jóvenes quienes habían renunciado a la carrera sacerdo­tal. Fueron ellos José Arango-Barrios y Siscara, José Melquiades Aparicio y Cruz y Esteban de los Ángeles Vázquez y Rodríguez, los cuales ocuparían después diversas cátedras en la Universidad.13,16

Al fundarse oficialmente la Universidad de La Habana en 1728 es nombrado Decano de la Facultad de Medicina el médico francés Louis Fontayne y Culemburg, quien desde hacía diez años ejercía en La Habana. La Facultad  comprendía cuatro Cátedras: Prima de Medicina (Fisiología), Vísperas de Medicina (Patología), Methodus Medendi (Terapéutica) y Anatomía. El primer claustro de la Facultad de Medicina quedó integrado por: en la cátedra de Anatomía el Dr. Louis Fontayne (graduado en Montpellier, Francia), sustituyéndolo posteriormente el Dr. Esteban Vázquez, en Fisiología comenzó el Dr. Francisco González del Alamo quién no llegó a ejercer en la misma por su falleci­miento; este fue sustituido por el Dr. Ambrosio Medrano graduado en México, en la cátedra de Patología estaba el Dr. José Arango-Barrios; y en la de Terapéutica el Dr. José Melquíades Aparicio.16

Durante un largo período de tiempo los frailes dominicos dirigieron los estudios universitarios y fue característico el pobre desarrollo de los estudios en sentido general y escasez de recursos financieros, así como la imposición de medidas que impedían el progreso de las diferentes carreras. Las primeras tentativas de reformar la Universidad aparecieron con el habanero fray Juan Francisco Chacón (1750), quien durante mas de 35 años tomó parte principal en la política universitaria, pues fue Rector en cinco ocasiones distintas.12,13,16

Posteriormente, José Agustín Caballero (1788) intentó también introducir cambios que favorecieran el desarrollo de la Universidad, pero, como en el caso anterior, no se obtuvieron resultados.12,13,16

Es claro que, por este tiempo, tanto en Hispanoamérica como en España y la mayor parte de Europa, los progresos más relevantes se producían fuera de las Universidades, por nuevas instituciones, lo que es también aplicable a Cuba, donde el Colegio de San Carlos, durante el primer tercio del siglo XIX, iba a asumir el papel académico predominante.

Significativamente, mientras que, hacia finales del siglo XVIII, la mayoría de las universidades hispanoamericanas habían sido secularizadas, la de La Habana se las agenció para sobrevivir a los ataques contra sus regidores dominicos hasta bien entrado el siglo XIX.

Durante 69 años los estudios de Anatomía fueron puramente teóricos. Fue el 5 de abril de 1797 cuando se inauguró el curso de Anatomía práctica impartido por el Licenciado en Medicina Francisco X. Córdova y Torrebejano, en el Hospital Militar de San Ambrosio, auspiciado por la Real Sociedad Patriótica de Amigos del País. Los estudios macroscópicos antecedieron a los análisis microscópicos por varios años.
El 8 de enero de 1819 el profesor italiano doctor José Tasso logró reabrir la cátedra de Anatomía práctica en el Hospital Militar de San Ambrosio, con la asistencia de treinta y cinco alumnos, entre los que se encontró como el más sobresaliente Nicolás J. Gutiérrez. Tasso planteó que sus demostraciones anatómicas se dividirían en siete partes: la Osteología, la Miología, la Esplacnología, la Angiología, la Neurología, la Armología y la Tegología de los tegumentos. Dentro de ellas, la Armología consistía en una recapitulación de la esplacnología que además, demostraba sus diferentes especies y exponía su contextura interna. La Historia de los tegumentos comprendía el tejido celular y la composición de cada una de las partes de la "máquina" animal en particular.16

El Dr. José Tasso era natural de Génova (Italia) en cuya escuela estudió Medicina, pero, debido a las guerras napoleónicas se alejó de su patria y vino a América. Solo explicó dos años en el mencionado hospital, aunque, atendiendo a los contenidos impartidos puede considerársele como el pionero de la enseñanza de estructuras microscópicas en la educación médica superior, al incorporar la Célula y la contextura interna de los órganos a los estudios de Anatomía de aquella época.1,12,13

El 29 de mayo de 1820 toma posesión como catedrático de Anatomía en la Universidad el Dr. Bernardo del Riesgo, el cual cumple su sexenio en 1826. En este año presenta una tesis que demuestra adelantos y, sin llegar a ser el tema de Anatomía Descriptiva, se notan marcadas tendencias a estudios histológicos. La tesis de Riesgo era una materia de Osteogenia a la altura de esa ciencia en 1826.

Nuevamente obtiene, por oposición, la plaza de catedrático y comienza sus actividades el 22 de junio de 1827.

Riesgo era natural de la Villa de Sancti Spíritus donde se instaló después de declararse vacante el 3 de junio de 1829.12,16

Por esta época (1822) Félix Varela presentó en Madrid a la Dirección General de Estudios una "Breve exposición del estado de los estudios en La Habana", con la finalidad de señalar sucintamente las insuficiencias de que adolecían y las posibilidades de la reforma fundamental que él visualizaba. Los cambios propuestos tampoco se llevaron a cabo por el retorno de la monarquía absoluta en 1823. En 1825 Francisco De Arango y Parreño recibe el encargo de preparar un plan de estudios para la Universidad y recibió información del doctor Angel Cowley que representaba a la Facultad de Medicina en la Comisión creada al efecto. Este plan tampoco prosperó porque se propuso crear el Instituto Cubano, institución completamente nueva.

La Universidad fue inaugurada el 19 de noviembre de 1842, solo dos semanas después del traslado de los dominicos de su Convento en La Habana al de Guanabacoa. Esta comenzó con una reforma aprobada después de varios años de lucha por su desarrollo institucional; dicha reforma fue elaborada en su esencia por una Junta creada en la que se encontraba el doctor en Medicina José Llector y Castroverde, catedrático de la misma.1,14,18,23

La primera lista de catedráticos incluía en Medicina, además del mencionado Llector Castroverde, a los doctores Angel Cowley y Fernando González del Valle.

En 1861 se funda la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, por Nicolás J. Gutiérrez, y tres años después aparecieron bajo su inspiración los "Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales"  convirtiéndose en la más importante y notable de las revistas  científicas  publicadas hasta 1958 (interrumpida entre 1928-1933). Los mismos son el testimonio más verídico y valioso de las actividades de la Academia. Corría el año 1863 y la lucha revolucionaria se agudizaba. Los gobernantes españoles devenían cada vez más aprensivos y cualquier señal de acción organizada en cualquier plano y por cualquier sector, y en especial el de la juventud educada en la Isla, era un anatema para la Península.10

El plan de 1863, además de establecer que el claustro se reuniera sólo cuando el Gobierno o el Rector estimaran consultarlo, daba nuevo status y poder a la Junta de Decanos, que en lo adelante sería claramente el órgano de deci­sión más importante. También, al igual que el Rector, el Vicerrector y el Secretario de la Universidad, los Decanos serían directamente escogidos por el Gobierno.

La enseñanza de la Histología.

En el programa de estudios de ese año se inicia en la Real y Literaria Universidad de La Habana el estudio de la Histología normal unida a la asignatura de  Anatomía  General e Histología, impartida en el segundo año del bachillerato en Medicina. La asignatura Anatomía General e Histología con la inexistente de Clínica de Obstetricia formaron una cátedra en la que se nombró al doctor Jorge F. Hortmann, profesor supernumerario, para el desempeño de la misma en la fecha del 28-IX-1863. El Dr. Hortmann al mes de explicarla la permutó con el Dr. Francisco de Zayas y Jiménez, natural de Matanzas, que la desempeñó asiduamente hasta el 15-IV-1868 en que se le consideraron 45 días de licencia por enfermedad y fue sustituido por el también catedrático supernumerario doctor Felipe F. Rodríguez y Rodríguez.12,13,16

A partir de ese momento el Dr. Zayas se ausentó de las clases con tanta frecuencia, y sin causas justificadas, que se le abrió un expediente disciplinario, presentando su renuncia el 28-II-1869. Para sustituirlo fue nombrado interinamente, el 22-V-1869 el Dr. Pablo Valencia y García catedrático supernumerario, que permutó esta cátedra por  la de Ejercicios de Disección y Ejercicios de Osteología con el Dr. Felipe F. Rodríguez el 28-II-1870.12,13,16

Durante los años siguientes el nuevo plan se desarrolló. Casi todos los catedráticos existentes fueron reincorporados de acuerdo con las nuevas regulaciones, pero ya desde 1865 fue necesario añadir una nueva regulación para establecer la categoría de Catedrático Auxiliar, con el fin de superar la escasez de profesores. A estos auxiliares se les pagaría un tercio del salario normal y se les nombraría con carácter temporal. Durante 1866 se nombraron diez de tales catedráticos para cubrir "temporalmente" plazas vacantes normales o nuevos tipos de vacantes que se produjeran cuando un profesor existente desempeñara más de una cátedra. A medida que la década avanzó las vacantes aumentaron. Esto fue debido en parte a renuncias por razones políticas, seguidas de emigración o enrolamiento en las filas de los partidarios de Céspedes.

En 1867 se publicó en los "Anales de la Real Academia" un trabajo de Joseph Von Gerlach sobre la reproducción fotográfica de las preparaciones histológicas, con sus colores naturales.12,13,16

La Memoria-Anuario para 1869-1870 declara que, por ese tiempo, existían en la Universidad más cátedras ejercidas por auxiliares que por numerarios o supernumerarios, lo que evidentemente indica un modo barato de gobernar la Universidad.14

En lo que concierne a los alumnos, es interesante observar que su número en la sección de ampliación de las ciencias tendía a ser casi dos veces el de las letras, y aunque unos pocos habían arribado a la edad de 14 años, la mayoría lo habían hecho entre los 16 y los 20 años. La Facultad de Medicina continuaba teniendo más estudiantes que la de Derecho.

Los locales a disposición de la Universidad estaban en muy malas condiciones, a lo cual debe añadirse que apenas comprendían la mitad del edificio, no sólo porque seis dominicos ancianos tenían allí sus habitaciones aún, sino también porque otra parte considerable era ocupada desde 1840 por miembros del Real Cuerpo de Ingenieros. El almacén del Crédito Mobiliario estaba instalado en la planta baja y otros inquilinos se diseminaban por el resto del edificio.13,15
En 1871, siendo profesor de Anatomía General e Histología el Dr. Felipe F. Rodríguez tradujo las lecciones sobre la sustancia organizada y sus alteraciones, en 81 páginas, del célebre profesor francés Charles Phillip Robin, las que fueron utilizadas por él como obra de texto. En noviembre de 1871 ocurrió una tragedia que jamás sería olvidada por ningún cubano y que significó también un amargo punto culminante en la historia del movimiento estudiantil en todo el mundo: el fusilamiento de los ocho estudiantes del primer año de Medicina. Entre los principales responsables del asesinato judicial de estos jóvenes estudiantes se contaba el gobernador político de La Habana, Dionisio López Roberts, quien en ausencia de su jefe, el gobernador superior político y capitán general de la Isla, Conde de Valmaseda, que estaba en los campos de batalla de Oriente, autorizó la ejecución sin esperar por el regreso de aquel a La Habana. López Roberts, ante la ira de los voluntarios, acabó por entregarles cobardemente a los ocho estudiantes. Había ordenado arrestar al principio a 45 de estos estudiantes del primer año de Medicina, bajo una acusación amañada, con el propósito  de obtener, como en ocasiones anteriores, dinero de sus padres a cambio de la liberación de sus hijos. Era bien conocido por tales vilezas y según el Vicecónsul inglés en La Habana, había adquirido "una gran fortuna  acumulada por los medios más indignos y deshonrosos durante su gobier­no en La Habana".10

Los estudiantes fueron acusados de profanar la tumba de Gonzalo Castañón, el propietario y director español del rencoroso periódico anticubano La Voz de Cuba.
El 23 de noviembre de 1871, un pequeño grupo de estudiantes había estado entreteniéndose en los alrededores del edificio conocido como San Dionisio, que albergaba el Anfiteatro de Anatomía y estaba adjunto al Cementerio General de Espada. Aguardaban por la llegada de su profesor al aula cuando ocurrieron pequeños incidentes de lanzamientos de piedras y travesuras cerca del carro que trasladaba el cadáver que iba a ser utilizado en la clase de Anatomía. No se presentó entonces prueba alguna de la invasión del cementerio o de cualquier tipo de profanación de tumbas, y todos los testimonios reunidos en años posteriores demostraron claramente que la sepultura de Castañón no había sido tocada. De los estudiantes fusilados se sabe que uno de ellos no había asistido siquiera a clases el día en cuestión.13,17

El Dr. Felipe F. Rodríguez fue el último de los profesores que explicó la asignatura de Anatomía General e Histología hasta su desaparición, al ponerse en funciones la reforma de 1880 en que el Dr. Rodríguez fue nombrado catedrático de Ampliación de Histología Normal y Patológica con fecha 24-IX-1880.13,17

El Dr. Felipe F. Rodríguez, natural de La Habana, considerado uno de los microscopistas cubanos más competentes de su época y verdadero iniciador de los estudios de la Histología en Cuba, venía desempeñando la asignatura de Anatomía General e Histología desde 1870.13,17

Un nuevo plan de estudios en 1880 intentó una vez más poner a Cuba en un nivel científico similar al de España, pero al mismo tiempo amplió la enseñanza que se impartía en la Universidad y trató de subsanar algunas de las anteriores anomalías.

En 1880 la Histología normal, con el nombre de Elementos de Histología Normal, va a formar parte de la asignatura Anatomía General y Descriptiva 1er curso, la cual comenzó a impartirse en el primer año del período de la Licenciatura; fue creada además una nueva asignatura, Ampliación de Histología Normal y Patológica, situada en el séptimo año o período del doctorado. A partir de aquí, se constituyen dos cátedras: la de Anatomía General y Descriptiva 1er curso y Elementos de Histología Normal, y otra de Ampliación de Histología Normal y Patológica. En ese mismo año se publican, en los "Anales de la Real Academia", los trabajos experimentales sobre la Histología Normal y Patológica del Dr. P. Latteux.12,13

Los bajos salarios y status del profesorado no atraían a la Universidad de La Habana a gente más joven y de mejores cualidades intelectuales. El pobre estado de los edificios, la falta de medios para el estudio y los insuficientes laboratorios y bibliotecas, no contribuían a elevar los niveles académicos en la enseñanza médica del más alto centro de estudios de Cuba. En 1881, Carlos Ma. Deverine y Galdós, Joaquín G. Lebredo y Felipe F. Rodríguez realizan un informe acerca de unas preparaciones y descripciones microscópicas, publicado también en los "Anales de la Real Academia".

En 1882 fue autorizada, por Real Orden, la creación de la academia "El Progreso" para estudios de Estomatología.

En aquel entonces se ofertaban cursos de Histología para aquellos estudiantes que voluntariamente quisieran matricularse en ellos. Como profesor de la asignatura se encontraba Joaquín L. Dueñas Pinto, Doctor en Medicina y Profesor de Anatomía y Patología generales y especiales de la boca e Histología. Dueñas Pinto nació en 1859, y obtuvo el título de Licenciado en Medicina y Cirugía en la Universidad de La Habana en 1880. Siendo estudiante disfrutó de un bien ganado prestigio entre sus compañeros, como lo evidencia el hecho de haber sido designado unánimemente por estos para pronunciar el discurso de ciencias en su graduación, trabajo que intituló "El cerebro ante la Ciencia Moderna". En este trabajo abordó los componentes del cerebro atendiendo a su estructura anatómica y microscópica (histológica).18,19

Sus primeros tiempos como profesional los dedicó con gran entusiasmo a los estudios antropológicos sobre los cuales publicó valiosos artículos, además de desempeñar, en el año 1883, el cargo de Conservador del Museo de la Sociedad Antropológica. 18,19
En un reglamento perteneciente al Colegio Dental  publicado en la época aparece: "Se han ampliado los estudios anatómicos con la disección e Histología, y el conjunto del plan de  enseñanza da por resultado que esta sea objetiva y teórico-práctica".11,20

En ese mismo año fue nombrado como catedrático auxiliar el Dr. Francisco I. Vildósola y González, para ayudar en sus funciones docentes al Dr. Rodríguez en la asignatura de Ampliación de Histología Normal y Patológica, habiendo sido designado este último Decano de la Facultad de Medicina. Las materias de Histología Normal y Anatomía e Histología Patológicas se impartieron de forma teórica desde 1863 a 1887, en los locales donde se explicaban las asignaturas a las cuales estaban unidas.13

La Ampliación de Histología Normal y Patológica se explicó de forma teórica a partir de 1880, en una de las aulas del antiguo Convento de San Juan de Letrán, pero a partir de 1883 el Dr. Felipe F. Rodríguez llevaba a sus alumnos varias veces a la semana a su laboratorio particular situado en la calle Cuba 116, donde les realizaba demostraciones prácticas y les mostraba cortes de tejidos al microscopio.13

En la reforma del plan de estudios llevada a efecto en 1887 se independiza como nueva asignatura la materia de Histología con el nombre de Histología Normal e Histoquímia, y se agregan los ejercicios prácticos de Histología Normal e Histoquimia a la asignatura de Técnica Anatómica y Ejerci­cios Prácticos de Disección 1er curso, impartidas ambas en el primer año de la Licenciatura; al mismo tiempo desaparece la asignatura Ampliación de Histología Normal y Patológica.13 Los ejercicios prácticos de Histología Normal e Histoquimia se llevaron a cabo de 1887 a 1899 en los mismos locales donde se realizaban los de Técnica Anatómica y Ejercicios Prácticos de Disección 1er curso, a los que se encontraban unidos.13

Con esta reforma de 1887 se creó una nueva cátedra con dos asignaturas la de Histología Normal e Histoquimia y la de Anatomía e Histología Patológicas, nombrándose como propietario al doctor Felipe F. Rodríguez que desde 1884 tenía la categoría docente de numerario en ascenso, el que fue ratificado en su cátedra el 6-XI-1889.12,13

Ya desde esa época comenzaba a debilitarse su salud, pérdida de la visión, quebrantada por su agotador trabajo y uso continuo del microscopio, por lo que renunció ese año al Decanato de la Facultad. El 4 de marzo de 1891 presentaba solicitud de su jubilación por incapacidad física en el desempeño de la cátedra. La carta del Rector de la Universidad dirigida al Director General de la Administración Civil, junto a su expediente de retiro, muestra la tragedia física y económica de sus últimos años, en los que se vio en la necesidad de pedir los mayores beneficios en su jubilación y es también justo reconocimiento a sus méritos por la institución a la que había dedicado todo su entusiasmo y talento extraordinario.12,13

No obstante estos trámites, nunca se llegó a dictar resolución a su expediente de retiro y la universidad le mantuvo la propiedad de su cátedra y la totalidad de su sueldo hasta su fallecimiento en la Habana el 29 de mayo de 1897.12,13

Para sustituirlo fue nombrado interinamente desde el 15 de mayo de 1888 el doctor Francisco I. Vildósola y González, muy competente microscopista de su época. El 23 de agosto de 1898 se dispuso, por el capitán gene­ral don Ramón Blanco y Erenas, que en lo adelante el Rector, Vicerrector y los Decanos de las facultades dejarían de ser nombrados por el Gobierno Español para ser directamente elegidos por el claustro general de profesores.13

En 1899 llega a su fin la dominación española en Cuba y se aprueba un cambio del sello de la Universidad que borraba del emblema de esta la corona que hasta entonces había ostentado. Se suprimió también la palabra "Real" del título del alto centro, por lo que comenzó la tercera fase de la existencia de este como "Universidad de La Habana". Esta cubrió el período americano neocolonial que bajo una economía capitalista más desarrollada, pero sometida, iba a durar exactamente sesenta años.

El 1ro de enero de 1899 comenzaba el primer período intervencionista norteamericano en Cuba y se ponía en vigor por la Orden Militar número 212, de 4-XI-1899, un nuevo plan de estudios conocido con el nombre de Plan Lanuza, por haber sido elaborado y puesto en práctica cuando era secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes el eminente jurisconsulto cubano y profesor universitario Dr. José Antonio González Lanuza. Este plan de estudios estuvo vigente solamente ocho meses y abarcó el curso 1899 a 1900, por lo que no tuvo mayor repercusión.12,13 En el Plan Lanuza  quedan incorporados los ejercicios prácticos a la  asignatura de Histología Normal e Histoqui­mia, impartida en el primer año.12,13

El 17 de noviembre de 1899 la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana fue trasladada para el edificio ubicado en la esquina de las calles Zanja y Belascoaín, lugar donde se realizaron las actividades teóricas y prácticas.12,13

La asignatura de Histología Normal e Histoquimia, desde su creación en 1887 hasta 1899, se impartió en las aulas del antiguo Convento de San Juan de Letrán, y a partir de este último año se traslada la enseñanza para el nuevo edificio de la Facultad de Medicina. Las clases se brindaban todo el curso académico, tres veces por semana, los lunes, miércoles y viernes de 2.00 a 3.00 pm.14

Francisco Vildósola González impartió todos los cursos completos de las dos asignaturas hasta el 28-XII-1899, en que por Orden Militar número 250 cesó en su plaza de ca­tedrático auxiliar en el desempeño de dicha cátedra y fue nombrado catedrático numerario de la recién creada de Bacteriología y Patología Experimental. Por esa misma orden militar fue nombrado al frente de la cátedra de Histología Normal e Histoquimia y Anatomía e Histología Patológicas el Dr. Julio San Martín y Carriere, natural de La Habana, brillante histólogo graduado en Barcelona, autor del primer libro de Histología escrito en Cuba. Este libro, Tratado Elemental de Técnica Histológica publicado en 1888 con una introducción de 13 páginas y 393 de contenido, fue  dedicado a su maestro en la facultad de Medicina de París, profesor Grancher. Según el bibliógrafo Carlos M. Trellez, es el primer libro de su clase escrito en castellano y fue texto en Cuba y en la Universidad de Buenos Aires. Este libro se utilizó por los estudiantes cubanos desde su publicación hasta los primeros años del presente siglo.13

También sirvieron de texto, ya en su época de profesor de la Universidad, las Lecciones de Histología Normal y Patológica del Dr. San Martín, en forma de cuadernillos que pensó publicar en un tratado, pero  quedó inédito por su prematura muerte en 1905. Fueron utilizadas además en este período las 2 obras del eminente doctor Santiago Ramón y Cajal, Manual de Histología Normal y Técnica Microscópica, Valencia 1889, con 692 páginas y 203 ilustraciones y Elementos de Histología Normal y Técnica Microscópica, Madrid 1897.13

Poco después fue nombrado como catedrático auxiliar, jefe del laboratorio de la cátedra, el licenciado Guillermo Salazar y Caballero, natural de La Habana, de no grata memoria en su carrera profesoral. Por todo lo expuesto anteriormente podemos concluir que la docencia de la Histología en el siglo XIX se desarrolló en cuatro momentos importantes. El primero de ellos fue en 1819 cuando el Dr. José Tasso explicó, de forma teórica, elementos de Histología a los estudiantes que recibían el curso de Anatomía práctica, con lo cual se convirtió en el primer profesor que explica esta temática en la educación médica superior del país.13

El segundo momento tiene lugar en 1863, con la reforma del plan de estudios, que incorpora oficialmente contenidos de Histología en el programa de Medicina, con la creación de la asignatura Anatomía General e Histología, la cual se impartió de forma teórica.13

Posteriormente, con la reforma del plan de estudios llevada a efecto en 1887 ocurre un acontecimiento muy significativo que habla de la importancia alcanzada por esta asignatura en los programas de Medicina, cuando aparece como tal con carácter independiente en el plan de estudios la Histología Normal e Histoquimia. En estas nuevas condiciones  se incorporan ejercicios prácticos pero no en la propia asignatura.

El último momento está en la aplicación del nuevo plan de estudios en 1899, donde se vinculan la teoría y la práctica en una sola asignatura, Histología Normal e Histoquimia. Esto constituyó un avance pedagógico dentro de la Educación Médica.

Al analizar este siglo debemos destacar dos personalidades en la docencia de la Histología: el Dr. Felipe F. Rodríguez y Rodríguez, verdadero iniciador de la docencia de la Histología en Cuba al ser el primero que introduce en aquella las actividades prácticas, en 1883, con la utilización de su laboratorio particular.13

El otro destacado profesor lo fue el Dr. Julio San Martín y Carriere, autor del primer libro de Histología escrito en Cuba.13

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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José E. Caballero González. Facultad de Medicina de Cienfuegos. Email: emiliocaballero@infomed.sld.cu



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